Cambiar el pienso de nuestro perro o gato puede parecer algo sencillo, pero hacerlo de forma demasiado rápida puede provocar problemas digestivos como diarrea, vómitos, gases o rechazo del alimento.
Por eso, cuando sea posible, lo recomendable es realizar el cambio de forma progresiva para que el organismo pueda adaptarse al nuevo alimento.
El aparato digestivo necesita un periodo de adaptación cuando cambiamos la alimentación.
Un cambio brusco puede provocar molestias gastrointestinales, especialmente en animales sensibles o que ya han presentado problemas digestivos anteriormente.
La recomendación general es realizar una transición gradual durante aproximadamente 7-10 días, aunque algunos animales pueden necesitar más tiempo.
Una forma sencilla de realizar la transición es ir aumentando progresivamente la cantidad del pienso nuevo mientras reducimos la cantidad del pienso anterior.
Este esquema es una orientación general. Algunos perros y gatos pueden necesitar una transición más lenta, especialmente si tienen antecedentes de problemas gastrointestinales.
Durante la transición debemos observar especialmente:
Consistencia de las heces.
Frecuencia de las deposiciones.
Presencia de vómitos.
Gases o molestias abdominales.
Disminución del apetito.
Rechazo del nuevo alimento.
Cambios importantes en el comportamiento.
Si aparecen heces blandas o algún problema digestivo leve, puede ser conveniente mantener durante unos días la proporción que el animal estaba tolerando antes de continuar aumentando el pienso nuevo.
Si los síntomas persisten o aparecen vómitos repetidos, diarrea importante, apatía o falta de apetito, es recomendable consultar con un veterinario.
Algunos animales pueden rechazar inicialmente un alimento diferente, especialmente los gatos, que pueden ser más sensibles a los cambios de textura, olor y sabor.
En gatos puede ser útil ofrecer el alimento nuevo en un recipiente separado en lugar de mezclarlo directamente con el anterior. La WSAVA señala que algunos gatos pueden rechazar el alimento cuando se mezclan ambos.
Lo importante es evitar forzar el cambio y asegurarnos de que el animal mantiene una ingesta adecuada.
No.
Un animal sano que nunca ha tenido problemas digestivos puede tolerar una transición relativamente rápida, mientras que un perro o gato con antecedentes de vómitos, diarrea, sensibilidad digestiva o determinadas enfermedades puede necesitar una transición mucho más lenta.
En algunos casos, la transición debe realizarse siguiendo las indicaciones específicas del veterinario.
Dos piensos diferentes pueden tener cantidades distintas de energía por gramo.
Por eso, no debemos asumir que la misma cantidad en gramos de un pienso equivale a la misma cantidad del otro.
Cuando se cambia de alimento, conviene revisar las recomendaciones de alimentación del nuevo producto y adaptar la cantidad a las necesidades individuales del animal.
Consulta con tu veterinario si durante el cambio de alimentación aparecen:
Vómitos repetidos.
Diarrea intensa o persistente.
Sangre en las heces.
Dolor abdominal.
Decaimiento.
Pérdida de apetito.
Pérdida de peso.
O cualquier otro signo que te preocupe.
Además, si el cambio de pienso se debe a una enfermedad, una alergia alimentaria, sobrepeso, enfermedad renal, gastrointestinal u otra condición médica, la elección del alimento debe realizarse de forma individualizada.
Cambiar de pienso no tiene por qué ser complicado. Lo más importante es hacerlo progresivamente, observar cómo responde nuestra mascota y adaptar el ritmo de transición a cada animal.
Una transición de aproximadamente 7-10 días es una buena referencia para muchos perros y gatos, pero algunos necesitarán más tiempo.
Si tienes dudas sobre qué alimentación es más adecuada para tu mascota o presenta problemas digestivos durante el cambio, una valoración veterinaria puede ayudarte a elegir la opción más adecuada.
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